sábado, febrero 26, 2011

Con Gripe emocional




Pasan los dias, lentos e inagotables ante la pesadumbre de las cuatro pareces de mi cuarto, carceleras del cerebro aqui firmante y del cuerpo febril que lo soporta. Aqui, en la mas remota de las soledades, desde hace unos dias, observo por mi ventana el pasar de los minutos, con dilacion infima del secundero y del tic tac del reloj de pared del salon, situado al final del pasillo, mientras resignado, mis esperanzas se guardan en el deseo de que vuelva la tan ansiada rutina de los quehaceres diarios, en mi mas supina obsesion por encontrar un fin a tanto aburrimiento, necedad y apatia, que atesoro como grises y silenciosos valores, escondidos tras el marco de mi puerta.

No fingire ser un tipo valiente, puesto que jamas lo he sido, aunque a veces pueda parecerlo, sino mas bien alguien tan insignificantemente sensible, que dentro de su cobardia, trata de esquivar los grandes sentimientos que jamas, en mi caso, han podido ser realmente compartidos, como el amor o la amistad, por ejemplo. Aun asi en muchas ocasiones, incluso con cualquier escolta que nos arrope nada es suficiente para sufrir algun choque frontal con esos sentimientos que tratamos de ignorar y por los que nos dolemos en repentinos KO sentimentales. En esos, quiza, la angustia o la sensacion de ser un absoluto perdedor se multiplican tanto, que suelo tratar de autoconvencerme a mi mismo de que todo esta bien, y no pasa nada, aunque sea a costa de mentirme y de creerme mis propias mentiras, en una espiral de lenta autodestruccion con invisibles lagrimas de cocodrilo.

Asi pues, dado que mi cuerpo esta fisicamente aqui, sentado delante de este ordenador, mirando por la ventana el cielo encapotado, mi cerebro huye hacia esa habitacion del hotel para solitarios, donde he construido mi fortin personal. En ella, y de forma invisible, estan mis recuerdos mas privados, los vividos y los imaginados e incluso, los anhelados. Aqui, ese silencio incomodo, que como una losa cae sobre mi espalda, no es mas, que un fiel aliado de mis manos desnudas, sobre mi telecaster roja, sollozando un viejo blues de John Lee Hooker. Quiza me falta cintura, o quiza me este haciendo mayor, o quiza, esta gripe me deje demasiado tiempo libre para pensar en cosas en las que no deberia si quiero seguir viviendo en una feliz mentira de autoproteccion. Sin embargo, ultimamente, me obsesiona la idea de pensar acerca de la soledad, la carencia de amor, o el simplemente desistimiento en la busqueda de esa ELLA que no llega.

Hace unas semanas, John Cusack me acercaba a la realidad en el cuerpo de un cuarenton melomano y soltero, en una de esas peripercias de amor con destino videoclub, tan azucaradas como reales y en cuyos finales, todo siempre sale bien. No es que le tenga mania a John Cusack, es mas, me parece un tipo genial en cuyos papeles me identifico, mas bien creo que es la simple sensacion de envidia o del paso del tiempo la que me agobia y me tiene contra las cuerdas.

Mi vecina de arriba ha vuelto a poner uno de esos horribles discos de italianadas. Horribles si no estas enamorado, claro. O peor aun, si tu quieres estarlo, pero no aparece. Me cago en el amor, asi de claro. Respiro hondo, cojo fuerzas, y salgo con destino a la calle, bien abrigadito, claro. Lo siento, pero hoy Paolo Valessi, Sergio Dalma y compañia, me superan.

Se despide de ustedes, desde su mas ilustre anonimato, este humilde musico del tres al cuarto que les escribe a todos aquellos que les ignoran, como silenciosa sombra de este deambular constante que es la vida.

Me cago en Sergio Dalma.


jueves, octubre 21, 2010

Mi hotel, convertido en caverna



Muere Octubre, lento, quejoso, resquebrajando a fuego viejos zarpazos sentimentales a mi paso por El Muro en una otoñal y brumosa tarde como esta, en la que el viento me llena de aromas viejos de historias anheladas, donde mi soledad y mis miedos, a partes iguales se disipan el calido abrazo de esa ELLA que nunca llega, y a la vez, no cesa.

Dos años atras, bebia y me autocompadecia a partes iguales en mi Hotel para Solitarios, sin que pareciese que pudiese haber un final justificado para esa actitud. Desde ese ultimo dia, el estupido aprendiz de musico que les escribe se prometio a si mismo, que no volveria a pisar dicho Hotel, a no ser que fuese para revivir otra bonita historia de amor como la que vivi con Marga, mi Marga, hoy casada y con una niña de 2 años. De ella, no he vuelto a saber nada desde hace otro par de años, en que quien sabe si por desgracia o fortuna, su numero de telefono apareciese enterrado entre las cenizas de mi difunto movil. Quiza hubiese sido lo mejor para evitar nuevas recaidas, nuevas tiritas para un corazon dado de baja por depresion.

Sin embargo, lejos de esos recuerdos del olor a camomila de su cabello rizado, tan solo me queda la sensacion de una herida a medio cerrar de la que a veces la sangre llora a borbotones. Y lo peor, es que esa herida es herida vieja, que cicatriza mal por defecto de heridas nuevas.

El viento me cala la camiseta de los T- Rex hasta el punto, en que el difunto Mark Bolan, parece querer salir corriendo de la misma, asi que procedo a cerrar mi cazadora de cuero y acurrucarme como puedo mientras sigo caminando, con destino al Nautico, donde hacia años solia sentarme a comer pipas y mirar al mar, sumido en las melodias de mi mp3 de entonces, hoy sustituido por un ipod que parece haber salido vivo de mil batallas perdidas en las que Maga, siempre sale victorioso.

Ante el paseo semivacio, avanzo, con paso firme pero relajado, mientras reflexiono acerca de esa nueva ella, que antepronostico, ha llamado mi atencion, hasta el punto de decir que no se si me ha ilusionado o decepcionado a partes iguales. La verdad es que prefiero no pensarlo. Estoy emocionalmente en cuarentena y el menor rasguño es suficiente para provocar un huracan de siligosas e invisibles lagrimas. Tan solo me encomiendo para que este periodo de inestabilidad y silencio se acaben cuanto antes; sin embargo soy francamente pesimista al respecto, dado que ultimamente, la invisible e imaginaria caverna donde temporalmente habito, se esta volviendo lo sorprendentemente fuerte como para que me plantee si merece la pena quedarme a vivir aqui, no se si para siempre, o para una buena temporada.

De momento, solo quiero sentarme a comer pipas en el Nautico y a escuchar discos de Maga hasta que la noche, o la desidia, me alcancen.

Se despide, 2 años mas viejo, con menos pelo, y mas solo, este musico de tres al cuarto que les escribe, desde su anonimato mas ferreo, a todos aquellos que le ignoran, como en sus mejores tiempos.

Recibiran nuevas noticias desde mi fria caveran de cristal

Un saludo


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domingo, abril 27, 2008

De domingos Grises

Los domingos son unos días radicales, de esos en que eres feliz por ver el sol, o de los que maldices todo. Al menos en mi caso siempre son así.

Hoy tenía uno de los segundos. Consumido, taciturno y amargado, no paraba de deambular por casa, con mi cerebro ardiendo de presión, inseguridad y problemas con "la nueva rutina". Sin embargo, sin querer, he encontrado una nueva formula para calmarme en esos días en que aún más, no encuentras tu lugar en el mundo.

Es algo tan simple como revisar alguno de los pilares básicos de mi propia existencia. Una especia de jarabe con el antidoto necesario para la amargura y el hacinamiento mental de los días grises. Porque quizá, y digo quizá, tan sólo nosotros sabemos como dulcificar ese rincón amargo que irremediablemente llevamos dentro. Y mi piedra angular de hoy se basa en 2 motores de mi vida: la música y mi perra.

Es increible lo que puede hacer la música en el ser humano. Día tras día, no dejo de maravillarme con la sensación mágica que supone sin más escuchar esa sucesión de notas necesaria para que el volcán apunto de estallar y la tormenta que se avecinan se calmen. Hoy fue un capítulo de esos. Necesitaba algo en mis oidos y aparecio Travis y un peluche gigante a la que abrazar, mirando el atardecer.

Y asi, con la tontería, he arreglado una pequeña bombilla de una sala de mi Hotel Solitarios. Me despido como no, con la bso del día de hoy.

domingo, noviembre 11, 2007

Sentirte así, tan dentro,
Tan cerca,
Tan profundo como el mar.

Tenerte aquí,
En el cielo,
Tan mía y a la vez tan libre.

Volar contigo,
Por siempre,
Con los ojos cerrados,
a base de susurros.

No te vayas mi sol,
No vueles sola.

No me dejes


"poemas para cinco Minutos"

domingo, septiembre 30, 2007

Vuelta al Hotel para solitarios


Una vez escuche a cierto cantante de moda, que para escribir 10 cosas habria que vivir 100 o 1000. Tras un año de parón, con apenas una decena de nuevas vivencias, vuelvo a huir. Otra vez más vuelvo a mi habitación en el Hotel para Solitarios.

Acabo de llegar sobresaltado, con el corazón a punto de hecharlo por la boca, desbocado. He abierto la puerta, que me ha recibido con un leve chirrido y todo esta igual. La habitación no ha cambiado, las mismas sabanas verdes en en la cama, las mismas paredes blancas, los mismos muebles antiguos, la misma ventana que da al jardin interior.

El camarero sigue como siempre, se ha quedado paralizado al verme entrar como un huracán. Me imagino, que como siempre, subirá a traerme una botella de buen Whiskey. Hay cosas aqui que no nunca cambian. La ventana entreabierta escupe aire, que hacer moverse ritmicamente las cortinas blancas. Camino por la habitación penduleante, dando vueltas y reflexionando sobre los acontecimientos pasados, sobre mi aislamiento, sobre mi tozudez, mi inseguridad, mis miedos, mi cobardia y todo lo que no me deja brillar.

Una vez más, he salido huyendo ante otra oportunidad de conocer un alma gemela. He visto terror ante la posibilidad de que pueda salir mal, pánico a descubrir nuevas cosas sobre mí, que son sospechas, pero que reconozco que existen. Sigo por tanto mintiéndome, mediocremente.

Llaman a la puerta. Es Pablo, el camarero, me ha subido gentilmente una botella de Johny Walker. " Señor - me ha dicho-, tenemos un piano que hemos comprado en una tienda de antigüedades en uno de los salones. Ahora mismo está cerrado, si quiere probarlo y decirnos su opinión, se lo agradeceríamos ". " Lo siento Pablo, no se tocar el piano". "Disculpe las molestias entonces, caballero, pero pensabamos que era usted músico". " Que va hombre, aficionadillo si acaso. Además el piano es demasiado aparatoso para alguien tan torpe como yo". "Bueno, pues lo siento". "Nada hombre, no tiene importancia. Muy amable por subirme la botella "

Procedo a sentarme en una esquina, descalzo y con la camisa por fuera, corbata suelta y vaso entre las manos. Vuelvo a inspeccionar la habitación, y veo que el viejo tocadiscos sigue encima del aparador. Cientos de recuerdos se me aglutinan en el cerebro. Risas con Marga en esa habitación año y pico antes, nuestros cuerpos semidesnudos, besandonos y riendonos. Las horas muertas que pasabamos abrazados sin decirnos nada. Las ocasiones en que detrás de esos silencios, sacaba la guitarra del estuche y desgranaba unos acordes arpegiados mirandola fijamente, en silencio. Y sonaba a gloria. Notaba el comienzo de un fuego que me subia desde la boca del estómago, y que expulsaba en suspiros, con mariposas por mi boca.

Sin embargo todo eso pasó, y ahora me queda la nada. La soledad, el silencio, y la compañía de unos falsos amigos eléctricos, como ordenadores, radios, y cosas modernas, que jamás sustituirían una cálida voz humana. Fuera empieza a llover, el aire ha cesado y las gotas se cuelan por la ventana entreabierta. Esucho un piano en la lejanía. Esta tocando un tema de Lasse Lindth acompañado por una voz melódica y armoniosa. Corro a la ventana, movido por la curiosidad. Para mi sorpresa, es Pablo, el camarero desaliñado, taciturno y afeminado el que toca magistralmente.

Mañana intentaré volver al mundo real con un café y una conversación inteligente. Hoy el whiskey y la autocompasión me espera.


Hasta entonces, buenas noches y bienvenido sea el silencio.

sábado, junio 30, 2007

Siento y no siento,
Tus palabras, que son viento,
Tus manos, que son hielo,
Tus sonrisas, para mis adentros.

Tus ojos, almendras de fuego,
Restos de un atardecer inmenso,
De un cielo disperso,
De nubes en clave que dicen historias
De uno y de ciento

De cómo me siento yo
Intentando decir: te quiero?


Fdo: El hotelero

Esta es la evidencia de que en algún momento de mi vida, llegue a tener sentimientos positivos y bonitos, hasta incluso se puede decir, que estuve enamorado.


Recopilado de mi antiguo blog con fecha de 25 de marzo.

domingo, junio 24, 2007

Ayer te ví


Ayer te vi, con tu vestido de lino blanco
Ayer te vi, descalza en la arena,
ayer te vi, y mis ojos brillaron en llanto,
ayer te oí, bajo cantares de sirena.

Ayer te vi, cómo arquera de cupido,
Ayer te vi, cómo marinero en tierra,
ayer te vi, habitando en el sin sentido
Ayer te vi, bajo aquel manto de estrellas.

Ayer te vi, y no quise volver a casa
ayer te vi,
ayer te vi, y te llevaste prendido al cuello
mi corazón de nácar,
ayer te vi,
ayer te ví, mientras en mi cabeza solo había
canciones para el tiempo y la distancia.


Extraído de: "Poemas para cinco minutos"
El Hotelero.