jueves, abril 26, 2007

Nunca Llueve eternamente cap 1 ( borrador )


El cielo esta nublado. Fuera llueve de continuo, las gotas repican en los cristales mientras en sonido del agua que arrastra por las calles, produce un seseo poderoso. El cielo llora en el día de hoy sin dejar margen al respiro. Llora a moco tendido, sin que nada ni nadie pueda remediarlo.

Hoy es uno de esos días en que la climatología y las ánimas parecen entremezclarse, cruzarse, como una paradoja del destino, producto al fin y al cabo de la maleabilidad humana. Sin embargo, no todo es así de simple, en muchos casos. En ocasiones, el tiempo, el corazón, la sociedad y el alma parecen ponerse de acuerdo para llorar al unísono. Hoy es un día así. Es un día en que el corazón llora, porque el alma llora, porque el cielo también lo hace, y no hay forma humana de pararlo. Es inevitable, indirigible, temible, predecible e indestructible.

Una espiral continua que recorre el mundo desde antaño, sale de su letargo, para sumirme en un depresivo y más que justificado estado de ánimo. Existe desde que el mundo es mundo. Me noto herido, miedoso, vulnerable, con continuas ganas de llorar, haciendo de tripas corazón por mantener las apariencias. Y en el fondo es inútil, porque más tarde o más temprano, toda esa montaña de sentimientos que se almacenan acaba saliendo por algún lado. Siento entonces, que necesito huir del mundo, esconderme, para agachar la cabeza y esconderla entre los brazos, como los niños pequeños, y llorar hasta que se me pase.

El corazón se acelera, mientras un nudo en la garganta va escalando desde algún lugar secreto para oprimirme y dificultar mi respiración. Es el momento de la retirada. Subirme al coche, salir zumbando a algún lugar solitario donde llorar a gusto, mientras observo como llueve. Y casualidades de la vida, los lloros de la madre tierra, cielo y alma se unen en un todo desdichado y terrible, irremisible y desbocado. Dejar que suene Coldplay en el coche de fondo, mientras el agua se funde con los acordes.

El mar hoy tenía un color casi grisáceo. Parecía quejarse, lastimoso, entre el misterio y la soledad del que lo ve todo y nunca dice nada. El viento silbaba ocasionalmente, otorgando más acordes al prodigioso momento, en que sin tapujos lloras a moco tendido aferrándote con ambas manos en la parte baja del volante.

Se entrecruzan imágenes de otros instantes, frases pasadas, libros leídos, momentos soñados, y miedo, mucho miedo. Todo pasa a una velocidad astronómica. Imágenes de la infancia, portadas de discos, revistas, fantasías, sueños, promesas que algún día lancé al aire, prometiéndome cumplirlas como objetivo de mi vida, apoyados por un corazón centelleante y nervioso. Y lloro. Siento miedo de lo que pueda venir. Estoy desorientado, confundido y aturdido como un barco en la niebla. En un continuo debate entre el corazón y el cerebro. El currículum y el sentido de la vida.

Pasan las semanas inalterables, con precisión matemática, con angustia metódica y repetición de ganas de llorar constantes. Todo se aproxima, las respuestas no aparecen y el corazón … se rompe. Escupe cristales mientras sangra, escupiendo ilusiones, indecisiones y versos del poeta Miguel Hernández.

Desde hace días no para de llover en mi vida, pero en fín, como aquello que dicen de que la esperanza es lo último que se pierde, me aferro a una de las frases de una de mis películas preferidas: Nunca Llueve eternamente.

lunes, abril 02, 2007

Un Mundo felizmente infeliz


Una vez más, me siento delante del teclado, a exhalar mis cientos de sensaciones, como hace tiempo que no hacía. En definitiva, a echar mis miedos fuera, cuándo carecen de sentido.

No se si les pasa, pero ¿en alguna ocasión, han sentido como si les cayese el mundo encima ante problemas irrisorios? Créanme cuando les digo, que yo sí. Y ahora me arrepiento de ello.

Sufrimos por cosas inútiles, por devaneos mentales de un futuro incierto, por tener, aparentar o saber que cuantas más cosas. Algunas de ellas necesarias, no se crean, como el trabajo, por ejemplo. Pero aún así, todo es secundario. Nosotros, seres del primer mundo, elitístas, que nos quejamos de vanalidades apocalípticas, nos sentimos desdichados e infelices.

¿ Qué es la felicidad, me pregunto? ¿ Felicidad es triunfar en la vida, o dar imagen de triunfador? ¿ Es que los demás se enorgullezcan de tí, o es que todos los días puedas mirarte al espejo y esbozar una honesta e ilusionada sonrisa? ¿ Es encontrar el trabajo perfecto? ¿ Ser el mejor, o hacer siempre lo deseado?
Respondiendo a ello, si me permiten la licencia, la felicidad es todo aquello que el ser humano del mundo desarrollado, que nada en la abundancia, desestima y desprecia. La felicidad, es el amor a la vida y pese a que crean que estoy soltando un discurso de cura para feligreses - que es lo último que querría, dada mi condición racional y por tanto ética y no religiosa-.

La felicidad es algo subjetivo, como bien se ha dicho. A nosotros, que tan cívicos nos creemos, ¿ podríamos catalogarlo de derecho, o de obligación? Desconozco la respuesta de la Constitución respecto a ello, pero les diré lo que me parece. Yo, mero ignorante y servil personaje de esta historia tan real como la vida misma, considero que se nos obliga a ser felices. Se nos obliga a competir con todo aquello que se espera de nosotros. Tienes que tener los mejores estudios – aunque en ocasiones se desbanden de tus opciones -, ser un líder natural, comprarte un piso, casarte, tener un buen coche, vestir bien y así hasta una serie infinita de cosas que nunca se acaban. Entonces, y sólo entonces, nos sentiremos felices.

Para mí, a partir de hoy, ser feliz consiste en levantarse por la mañana, abrir la ventana y sentirse afortunado de poder observar un nuevo día. Ser feliz es no preocuparse del elitismo o el juego de roles del mundo, sino tratar de mejorar día a día en todo lo que atañe mi vida, en un mundo tan hostil como este. Ser feliz es no ser esclavo del trabajo, sino compartir el escaso tiempo en aquello que realmente merece la pena, como amigos y familia, o simplemente “desperdiciar” el tiempo haciendo aquello que cuando eras chico siempre quisiste y nunca pudiste.
Ser feliz, amigos, es considerar las pequeñas cosas de la vida, que se nos pasan por alto. Es el café de por la mañana, o el beso de buenos días de tu hijo o de tu esposa, el poder estar con los tuyos un nuevo día más, sentarte después de cenar a ver la tele, salir a dar un paseo o mismamente, respirar el aire. Y todo lo demás es secundario; el trabajo, la política, la mercadotecnia y sus primos el consumo y todas esas cosas, son secundarias ahora. Quizá lo que nos falte es una declaración de principios, por no decir que lo que nos falta es una personalidad propia para negarnos a ser mangoneados por ciertos personajes, a los que enriquecemos y a la vez desconocemos.

Seguramente, si todos pensásemos así, se nos acabarían los problemas irrelevantes. Y da igual el oficio mientras te permita subsistir, y se acabo aquello de pasarse los días en el trabajo sin hacer otra cosa mas que por lo que te pagan, y se acabo también eso de hoy no puedo llamarte, ya te veo mañana. Adiós también a todos los momentos que añoraste compartir y no tuviste valor o tiempo, escudándote en algunas de los problemas necesarios que aquí no importan.

Por qué nos empeñamos en volvernos infelices, me pregunto, cuando hay tantas cosas por las que sonreír y que pasan por delante gratuitamente, sin que nos percatemos. Porque una vida sin el derecho a ser felices no tiene sentido, o porque somos algo más que meras piezas de una cadena, fabricada por sabe dios que loco ingeniero.
Hoy, día 2 de abril de 2007, me he propuesto ser feliz con el día a día. Me he despertado de un letargo de 22 años para darme cuenta, que el mundo puede ser bonito si nos lo proponemos. Desde hoy, creo en una fuerza espectral capaz de mover el mundo y hacer cambiar las tornas. Porque me considero libre pensador y por ello, nadie debe meterse en mi cabeza para convencerme de lo contrario. Por esas y todas otras cosas, me voy a proponer ser feliz.

Confío en salir victorioso, aunque sólo sea con medio segundo al día de felicidad, como dice el poeta Drexler.

Felices y azucarados saludos de hoy.