sábado, septiembre 16, 2006

La resaca del mundo

Hoy es uno de esos días en que sin motivo aparente te sientes triste. Es curioso, porque no he hecho nada que me obligue a sentirme así. Me he levantado esta mañana, he arreglado mi cuarto y he puesto el último disco de La Sonrisa de Julia. Me encanta ese disco, llevo unas semanas que no escucho otras cosa. Es uno de esos discos mágicos, capaz de hacerte sentir las cosas con una intensidad tan grande, que incluso si te dejas llevar, te hace levitar. Tan azucarado que incluso puede llegar a empalagar, pero bueno, a mi a empalagoso, como sabeis, no me gana nadie. Aún no me he cansado de llenar de azúcar mis oidos, hasta hoy, que se ha producido una mezcolanza rara.

Hoy he puesto ese disco, y a diferencia de otras veces, en lugar de emocionarme y removerme algo por dentro, me ha hecho sentir triste. Y lo más curioso, aún nose por qué. O sí. Es posible que se me haya caído una de las mil máscaras que llevo. Siempre he dicho, e incluso me he creído, eso de que no me hace falta nada más que yo mismo, pero puede que no sea así. Me he visto obligado a hacerlo, no se si por especial, por diferente, o como medida de defensa. Me he cansado de ver como la gente es tan egoísta, que no es capaz de pensar más alla de sus propios intereses. Y es que, por mucho que quiera vestirme de Superman, no lo soy. Más bien al contrario.

Me he repetido tanto la misma pregunta, que incluso he dejado de hacermela. Nose, hecho de menos algunas cosas del contacto humano. Seguramente para mí, que valoro tanto las sensaciones de verdad, que me niego a creer que todo esta planificado y plastificado de egocentrismo, falacia y vanidad ensalzadas. Y lo más duro, es que eso abarca todo. Siempre alerta, desconfiando, sin tener plena confianza en algo o alguien. Da igual que sea trabajo, ocio, es indiferente. Debería haberme acostumbrado, pero bueno, me imagino, que cuando ignoras los problemas, te llegan así, de sopetón. Más tarde, todo o todos, terminan fallándote.

Habían sido varios los motivos de stress ignorados, mi vida, mi trabajo, mis relaciones... Todo, al fin y al cabo, que se sustenta por un hilo lo suficientemente fuerte para mantenerme en péndulo, de un lado a otro, vagando de aquí para allá. Odio eso, ir vagando de un sitio a otro, sin apoyos, teñido de mediocridad. Ni mis posibles jefes son mis amigos, por mucho que quieran hacerse pasar por ello, ni mis amigos tampoco, pese a considerarlos así- no me queda más remedio-. Lo odio nuevamente. Las cosas deberían ser como son, tus amigos son tus amigos, por que lo son, y eso, como cualquier sentimiento, no se compra. Tu jefe es tu jefe, y aunque parece que está dispuesto a hacerte favores, no es así, siempre hay algún incompente por detrás a la espera. El mundo anda detras del sol más calido, y algún dia acabará en cuidados intensivos, con un alto grado de quemaduras en el cuerpo.

Pero en fin, igual que El Quijote, no nos queda más que pelear contra los molinos de viento que nos ha puesto la vida. Y se pueden vestir de mil disfraces diferentes.

Sin embargo, los pocos momentos dulces de la vida, te quedan grabados, algunos amigos, momentos, canciones, sensaciones... Ahora me viene a la cabeza una de un buen amigo, tán idealista, especial, que seguramente es único. Es uno de esos flashbacks que te llegan y en que ante una conversación, la cuál no recuerdas, esa frase consigue chocar tu atención de tal forma, que la recuerdas de por vida. Gonzalo amigo, ya lo dijeron los Beattles, " all you need si love".

Si quereis verme, estoy en la habitación de mi Hotel Solitarios, en la zona del servicio de limpieza. Si queréis pasar, solo tenéis que picar y seréis bienvenidos. Estaré allí un rato a solas. Al menos, sabéis, que las cosas que digo, no lo hago por cumplir.

Saludos de un hotelero enfermo de mediocridad